La representación visual de los mártires puede resultarnos chocante hoy en día, pero se estandariza desde la edad media. Durante el renacimiento se suaviza el dolor y se hace hincapié en la exaltación heroica de la figura a través de la belleza corpórea. La contrarreforma barroca, por el contrario, acentúa la explicitación de los martirios hasta llegar al puro morbo. Esta exhibición de lo horripilante está en consonancia con la sensibilidad general de la época, pero existe otra poderosa razón para explicar la brutalidad de las imágenes martiriales y su proliferación en época barroca. Las guerras de religión trajeron multitud de muertos en todos los bandos, los cuales no dudaron en proclamar nuevos mártires que sirvieran de expempla moral. La guerra religiosa, no fue solo física, sino también propagandística, fue una pelea escrita y principalmente visual. El uso de la estampa fue fundamental para dar publicidad a los nuevos mártires dentro de cada facción de la fragmentada iglesia católica. La espectacularización de las imágenes era por lo tanto fundamental, para dar más validez a la hazaña épica del mártir representado, y para llamar la atención del espectador.
Otra de las funciones principales de las representaciones martiriales era la educación. Los católicos eran preparados psicológicamente para el martirio de sus candidatos, y de hecho muchos misioneros en nuevos países obtuvieron la palma del martirio. La educación para el martirio se realizaba mediante la continua contemplación de ciclos de pinturas con escenas martiriales tanto antiguas como modernas, estas pinturas eran representadas en frescos de muchas iglesias, principalmente jesuíticas. Los jesuitas crearon muchos ciclos de frescos de los martirios primitivos con fines educativos y algunas fachadas de iglesias jesuíticas y conventos cartijos fueron decorados con instrumentos de tortura martiriar, utensilios también representados en grabados como en los del libro de Antonio Gallonio “Trattato degli instrumenti di martirio”, ilustrado por Antonio Tempesta, y el cual traemos aquí.
Tempesta, Antonio (Florencia, 1555-Roma, 1630). Pintor, dibujante y grabador italiano. En 1576 se tiene constancia de su ingreso en la Academia de Dibujo de Florencia, donde tuvo como maestro a Santi di Tito. De acuerdo con el Cominciamento de Filippo Baldinucci, se habría formado asimismo con el pintor de origen flamenco Jan van der Straet. De éste debió de tomar Tempesta su destreza a la hora de representar cacerías y escenas de batallas, así como cierta inclinación hacia el capriccio y la invención. En torno a 1575, se trasladó a Roma y realizó importantes encargos para el papa Gregorio XIII, entre los que sobresale la decoración de varias dependencias de laslogge vaticanas en colaboración con el artista flamenco Matthijs Bril (Galleria delle Carte Geografiche). También llevó a cabo trabajos en el Casino del Palacio Rospigliosi en San Juan de los Florentinos, en la Villa Lante en Bagnaia (1578-1579), en el Palacio Farnesio de Caprarola (1579-1583) y en la Villa de Este de Tívoli. En todos ellos puede apreciarse el gusto de Tempesta por los grandes paisajes poblados de animales en movimiento, las intrincadas escenas de batalla o los profusos decorados urbanos. En 1583 de nuevo lo encontramos trabajando para Gregorio XIII, esta vez en una serie de frescos para la capilla de los santos Primo y Feliciano, entre los que destaca La matanza de los inocentes. Aunque en estos años su principal ocupación fuera la pintura, se cree que fue en Roma donde se inició en el grabado, un hecho que se sitúa en torno a 1580, a pesar de que sus primeras estampas están fechadas en 1590. Desde el punto de vista técnico, sus estampas están realizadas con fuertes y profundas líneas mordidas por el ácido y ocasionales retoques de buril. Se extendieron no solo por Italia, sino también por Francia y los Países Bajos y sirvieron de inspiración a varias generaciones de artistas entre los que cabe destacar a Francesco Allegrini, Jacques Callot, Guercino, Rubens o Velázquez. Entre sus series más conocidas hay que nombrar los doscientos veinte grabados que realizó sobre motivos del Antiguo Testamento, los ciento cincuenta que hizo sobre las Metamorfosis, de Ovidio (1606), y las tres series con las que ilustró laJerusalén liberada, de Torcuato Tasso (1620-1627). En 1611 se convirtió en miembro de la Academia de los Virtuosos del Panteón y en torno a 1623 fue aceptado en la Academia de San Lucas de Roma. Via: Museo del Prado

Un Comentario
curioso como algo tan repugnante puede representarse con esa gracilidad… las composiciones tan sumamente ordenadas y equilibradas y las poses delicadas de los torturados les hacen parecer bailarines o acróbatas… impresionante
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